Maria Delia de cara a la adversidad

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Región Pacífico
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Novela gráfica

La historia de María Delia, muestra las profundas cicatrices que pueden quedar después del conflicto armado en personas realmente comprometidas con una sociedad más equitativa. Siendo una lideresa en su barrio que trataba de aportar a la construcción de una vida comunitaria plena, teniendo como foco a las personas discapacitadas, por tener un hijo que pertenece a esta población, es interceptada por grupos armados ilegales en el barrio que la empujan al desplazamiento. El golpe psicológico que sufre es todavía muy duro de asimilar para ella porque quienes la desplazaron son personas que ella ayudó y por las que luchó. Se siente afectada sentimentalmente porque se siente traicionada. Se fue a vivir a otro barrio con su familia donde empieza a vender mazamorra para subsistir. Se ausenta durante este tiempo de la vida comunitaria. Regresa tres años después a su antiguo barrio, a su casa, donde empieza a retomar poco a poco la vida comunitaria, comprendiendo que a pesar de todo, ahí todavía hay mucha gente que vale la pena. Hoy, tiene un proyecto de emprendimiento que la tiene muy emocionada porque la lleva a interactuar con los demás que es uno de las cosas que más le gusta hacer: relacionarse con la gente.  

Región Pacífica:

El territorio es Buenaventura urbana, y es un fenómeno de desplazamiento intraurbano, entre dos barrios diferentes.

Descripción del Relato:

Es una experiencia colectiva que afecta una organización enfocada en el trabajo con personas discapacitadas colectivas y que muestra cómo los liderazgos pueden ser afectados por el conflicto armado.

TRANSCRIPCIÓN DE ENTREVISTA 

“Mi nombre es Maria Delia García Enriquez, soy de Buenaventura, Valle, Colombia. Fui víctima del conflicto armado, del desplazamiento forzado  por unos grupos armados que se levantaron aquí en Buenaventura y yo era una líder bien berraca: y digo era porque era valiente: me le medía a trabajar en la comunidad, todo lo que fuera para trabajar con la comunidad, si?, y ya después de eso quedé bloqueada: amenazarlo a uno con armas, pedirle plata, plata que uno no tiene, a amedrantarlo a uno: eso fue un amedrantamiento para extorsionarnos sino que como no teníamos ni cómo conseguir la plata ni agallas, entonces nos tocó huir… porque yo creo que si mi marido hubiera tenido la plata la había dado, si?, pero como nos pusieron un ultimátum: ‘que mañana a las 5 de la tarde teníamos que tener 200 mil pesos y si no, nos íbamos, y si no nos mataban a nosotros: ah, pues vámonos de aquí porque plata de dónde?, entonces nos fuimos a otro barrio: a la Carmelita, que también estaba en conflicto pero los vecinos de allá que ya habían pasado la violencia horrible, nos aceptaron, nos recibieron bien, aunque ese barrio también estaba en problemas.

“Allí, ya con la vecinas y gente bien chévere porque la gente allá, a pesar de que estaban sufriendo también, me puse a vender, pues… la economía, la vida, pagando arriendo… la vida, fun!, se nos volteó todo, entonces me puse a trabajar, a inventar un pequeño negocio: a vender mazamorra en el Aguado: me queda muy rica!... sí la gente que la comió saben que sí… Sí, era deliciosa, era la mejor mazamorra del mundo… ah, me quedaba rica… además, fueron las mismas vecinas a las que les hice y, ay!, está rica, véndala, y la vendí…y sí, queda muy rica… y ahí estuvimos, nos ayudó bastante la venta de la mazamorra: ahí estuvimos 3 años: horribles en cuanto al dolor… o sea, eran cosas encontradas porque había tanta gente apoyándonos: que no, que sigan adelante, que luchen y todo, pero había un dolor horrible de saber que Buenaventura tiene dueño… sí?, que uno cree que vive aquí, que ésta es mi tierra, pero de aquí para allá, que no puede pasar pa’llá, no puede mirar a ese, no puede pasar pa’llá, entonces, descubrir esa realidad. Me bloqueó en cuanto que, como yo era líder de cosas: me gustaba caminar de un barrio a otro, hablar con la gente y hablar con todo el mundo, me gusta hablar, si has notado, no?... Pero ya no con los niños se podía hablar porque los niños todo lo que oían iban y lo decían: cómo así?, sí, los niños oyen conversaciones y van y dicen: ve, esta... o sea, uy!, dónde vivo, qué es que yo he estado haciendo, dónde es que yo he estado metida, dónde es que yo he estado caminando, por quién es que he estado luchando yo… también, cierto?...”

“En esa época, cuando yo era líder, entonces la gente me criticaba mucho: que yo viajaba, yo iba, yo venía, mi marido: lo deja sin comer a veces, no le lava la ropa: ellos hacían las cosas cuando llegaban de trabajar… ah, pues él me apoyaba mucho porque él sabía que era para sacar al niño adelante y muchas injusticias con las personas discapacitadas aquí en Buenaventura, entonces él me apoyaba, Pero la gente criticaba mucho: que sí, que dejaba la casa sola… o sea, mucha… no apoyaban pero sí criticaban mucho: claro que nosotros manteníamos como oyendo, pendientes, qué está pasando, y esa gente en qué está?, que no, que eso ya se acabó, que no se qué, que los cogieron, y que entonces vámonos para la casita, que ya va a pasar confiando en dios, entonces ahí retornamos, pero el retorno ha sido, el retorno nada más… yo nunca, desde que estoy acá, he ido para la tienda de allá, no más salgo aquí al carro y ya: he quedado así, pero como yo le comentaba a usted: alguna persona se me aparece o así, pues así que me conocen y todo, y tiene algún problema, y yo les digo vayan pa´llá pa’ ese JR que allá ayudan al que sea.”

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