John Janner y su don de gente

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Región Pacífico
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Novela gráfica

Proveniente del río Naya, John Janner llegó a Buenaventura siendo un niño junto a su familia a causa del conflicto armado. John Janner se hace un líder comunitario cuando se da cuenta del deterioro del tejido social en la zona donde vive. En el barrio se observa la adhesión de los jóvenes a grupos armados ilegales y a grupos delincuenciales, que llenan de terror a la comunidad. Decide organizarse con sus compañeros y crear varias plataformas de trabajo con la juventud, propiciando oportunidades académicas y laborales y evitando que ingresen a los grupos ilegales y a los grupos delincuenciales. Todo eso lo lleva a ser hoy día el presidente de la Junta de Acción Comunal.- JAC de su barrio.

Región Pacífica:

Entre el río Naya y el Distrito de Buenaventura, Valle del Cauca.

Descripción del Relato:

Se trata de la experiencia de un hombre que desde niño ha mostrado sus dotes de líder. John Janner representa a su comunidad, se preocupa por los más pequeños y trabaja porque el barrio donde vive mejore, sea más seguro y sea un lugar para que crezca una nueva generación con más esperanza en el futuro.

TRANSCRIPCIÓN DE ENTREVISTA


“mi nombre es Jhon Janner Arboleda Blades, tengo 31 años. Yo soy oriundo del río Naya de la vereda el Pastico. Desde ahí hice mis primeros pinitos en la escuela, hasta el grado 3º, luego, por un tema ahí de violencia, porque se estaban levantando unos grupitos, bandoleros, como los llamamos por allá… entonces mi mamá y mi papá eran líderes sociales allá también, en Bienestar Familiar, en procesos comunitarios. Entonces decidimos irnos a vivir al corregimiento de Puerto Merizalde, entonces seguí estudiando ahí, en Puerto Merizalde.

“Cuando pasé de 5º a 6º, se presentó una situación: me acuerdo que estábamos jugando en la cancha y escuché que ‘se metieron!’, yo tenía entre 12 y 13 años de edad, cuando escuché que ‘se metieron!’: al lado de la cancha había una quebrada y entonces en esa quebrada uno se bañaba, las madres lavaban ropa, y entonces era un espacio más donde hacían oficios domésticos, entonces uno también aprovechaba para divertirse, bañándonos… cuando escuché que ‘se metieron!’, entonces salimos corriendo, iban niños con jabón en la cara gritando: ay!, ay! ay!... y entonces salimos corriendo y cuando llegamos: que no, que habían llegado las Autodefensas de Colombia: todo el mundo se encerró en la casa, se quedó frío, y entonces aparecieron unos hombres uniformados y nosotros: -qué pasó?, No, que los necesitamos para una reunión y todo el mundo aceptaba porque para nosotros eso era nuevo: estábamos acostumbrados era al ejército y a otros grupos porque ya era normal verlos transitar por ahí… y entonces la gente asustada, y pidieron que les dieran comida, gasolina, y se fueron… A pesar de eso, la gente seguía asustada porque en otras partes, en la parte alta del río Naya, empezaron a matar personas y empezaron a bajar por el río, así, cadáveres, en estado de descomposición: uno ya no podía tomar el agua de río, porque incluso que allá, como la gente no tiene acueducto, toca que ir al río, o a las quebradas a recoger el agua, por eso cuando llueve pues la gente aprecia el agua de la lluvia…

“Entonces cuando llegamos acá como en el 2010, llegué acá como desplazado, fui, hice la declaración allá en la personería municipal: pues me dieron las primeras ayudas, la económica, pero enseguida así, algunos amigos y personas que me conocían, a mi mamá que era una persona que le gustaba ayudar, entonces me ayudaron al principio, pero pues tampoco, no se podían hacer cargo de mí… y yo andaba por ahí, me tocó que trabajar en construcción, me tocó que meter alcantarillado… estas manos se me desbarataron, les digo, se me rajaron las manos así, porque no estaba acostumbrado a ese tipo de trabajo, trabajaba en el monte pero era un poco más diferente… pero y me puse a pensar: nosotros hemos llegado aquí como desplazados y qué nosotros estamos haciendo también?, me ponía a pensar: bueno aquí estamos unos compañeros jóvenes del Naya… y vea que acá hubo unos que se metieron a los grupos que estaban acá, a las bandas emergentes, bandas del paramilitarismo aquí en la zona y a mí eso me preocupaba… cuando, no, que tal cual es comandante de no sé dónde… y a mí me dolía eso porque son personas que se criaron conmigo jugando fútbol y que teníamos un pensamiento: uno quería ser médico, otro quería ser ingeniero, nosotros nos imaginábamos la cancha, como hay veces veíamos los partidos la Champion, o de la Libertadores, entonces uno quería como jugar en el Boca, otro en el River, o en el América que eran los equipos que estaban pegando en la Libertadores en ese momento, entonces uno se imaginaba ser arquitecto y para dibujar un estadio bien bonito, o así y tener un hospital bien bacano, uno tener una carrera y ayudar a su sociedad, y cuando yo me di cuenta que esos compañeros que estudiábamos y que teníamos el pensar que compartíamos, cómo no, que está de comandante del barrio tal: a mí me dolió tanto!.

“Entonces nos sentamos con unos compañeros y nos dijimos: vamos a crear un grupo, una organización donde podamos hacer que nuestra gente pueda participar y los que puedan desplazarse no entren a esos grupos y los que estamos acá que miremos a ver cómo podemos participar de los programas del gobierno, a ver si es que hacemos algo… Entonces creamos el primer grupo que se llamó Jóvenes por la Paz: entonces empezamos en los barrios donde viva una persona del Naya, íbamos allá, hacíamos actividades, así, jugábamos dominó, jugábamos triqui, y ahí ellos aprovechaban y los inducían de cómo participar en esos procesos, les enseñabamos derechos colectivos, entonces después que nosotros… otra instancia fue la Plataforma de Acción Jóvenes. Nosotros entramos a participar y ahí también nos enseñaban de la importancia de liderar grupos juveniles, de la importancia de que los jóvenes pudieran participar para no caer en lo que otros jóvenes habían caído, y también cómo podíamos recuperar eso que estaba en Nayá. Entonces transformamos la organización y la construimos pensando: bueno, vamos a cambiar esto que ya nos pasó, vamos a borrar esto que nos ha venido pasando y creamos la fundación que dijimos Fundación Borrando Cicatrices, y entonces de ahí hicimos muchas cosas. Muchos jóvenes están ahora en la Universidad del Pacífico, unos ingresaron al Sena, otros ingresaron también a otras instituciones, que nos dieron la oportunidad en su momento. A mí el desplazamiento me afectó mucho, créame, porque en mi casa siempre había comida, y tener que aguantar hambre, para mí eso era muy difícil pero yo nunca perdí la esperanza: tengo que salir adelante, tengo que avanzar, tengo que crecer como persona porque tengo que ayudar a otros que también necesitan de mí”.

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