El río ANCHICAYÁ y sus comunidades ribereñas

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Región Pacífico
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Novela gráfica

Las comunidades del bajo río Anchicayá han logrado sobrevivir con sus formas de vida tradicionales, a pesar de los atropellos sufridos en el territorio y los graves daños ambientales en el río y  en sus cultivos tradicionales. Sus habitantes son los descendientes directos de los primeros cimarrones que llegaron a la región. Hoy se encuentran organizados en consejos comunitarios siguiendo la  la Ley 70 gracias a la fuerza y la labor de sus líderes.

Región Pacífica:

Bajo río Anchicayá, Buenaventura, Valle del Cauca.

Descripción del Relato:

Se trata de la experiencia de muchos  consejos comunitarios a lo largo del río Anchicayá. Las personas que viven a lo largo del río son un ejemplo de resistencia, organización, formación política y trabajo colectivo. 

 

TRANSCRIPCIÓN DE ENTREVISTA 

“Mi papá y su mamá eran de Naya, pero mi abuelo era de Tumaco y se fue a Naya con mi abuela. Mi mamá era de Raposo pero mi abuelo era indígena, de Saija. Yo nací, me crié y tuve mis hijos en Buenaventura. Tenía 30 años cuando nos conocimos con mi marido: él era de Anchicayá pero nos conocimos en Buenaventura porque él viajaba desde allá. En esa época yo trabajaba en el muelle de aseadora, ahí trabajé dos años y un año más cargando barcos con azúcar por las noches, pasando el azúcar por las máquinas. Luego trabajé, por un político, tres años en el municipio, y de ahí salí a trabajar en pesqueras, pelando camarón, después empacándolo, hasta que ya decidí venirme para para Anchicayá.

“Mi esposo se enfermó y murió hace ya 10 años. Y ya entonces yo comencé a administrar la finca y ocuparme de todo, y aquí estoy, sembrando mi papa china y cultivando mi chivo (variedad de plátano). El cambio fue durísimo porque en Buenaventura es una cosa y acá es otra, acá todo es en canoa y yo no sé nadar, no sé de canoas. Recién llegué era sólo a canalete: hace veinte años no había sino dos o tres motores y se usaban casi sólo en caso de emergencias o cuando iban a viajar por tierra. Antes están también las trochas pero yo casi no iba porque yo vivo muy arriba. Ahora conozco más la gente, antes no conocía: cuando comencé con esto del consejo mayor fue que comencé a conocer gente. Conocía algunos pero no de nombre. Yo vivo en el Coco: allá hay trocha a Sabaleta, dicen que es muy mala, que hay mucha quebrada pero yo no conozco: la hicieron ahora con lo de la energía, pero es muy reciente. Ahora cumplimos 6 meses de tener luz eléctrica: antes usaba vela y lámpara de petróleo o ACPM, la lámpara era un tarro con un tubo y la mecha, se le echaba petróleo y ya.

“Cerca de mi casa no había cultivos grandes… sí habían sembrado un poco pero ya cuando yo llegué a hacer casa ahí, lo arrancaron… De ahí de la casa, como a 100 o 50 metros de la casa había una hectárea, pero allá como para la montaña, bastante lejos de la casa… Las fumigaciones pasaron sobre la casa, sobre todas las fincas, sobre los ríos, pasaron sobre todo: eso era un chorro, usted viera!, uno decía: Dios mío, nos van a acabar!, hace como unos 7 años o más porque mi esposo estaba vivo, después ya se vino la peste, pero unos 7 años sí se le pone porque nos vino haciendo efecto en es época… Yo lo que sí digo es que la minería artesanal sí puede que haya hecho impacto, pero es más sencillo, más natural que la minería de máquinas porque eso trae el mercurio, una cosa que le echan para sacar el oro y la gasolina que van al río, mientras la minería artesanal no usa nada de eso: la minería artesanal es con pala, barretón y la batea, con el agua que va lavando la tierra: yo he ido, yo he ido a lavar así… ya no, pero sí, si encuentro dónde pueda, yo tengo mi batea para lavar: cuando estaba mi esposo salíamos por allá y teníamos una minita… para hacer eso hay que catear primero: va con un barretón y hace un hueco y va probando, y si hay pues comienza uno a trabajar.

“Con la minería ilegal no le dan casi trabajo a la gente y se lo llevan todo: a veces el consejo ni se da cuenta. Por ahí queda una máquina abandonada (entre santa Barbara y San José), de un señor que era del llano, era el dueño, el que se apropió… Si es de la comunidad, tiene que pedir permiso al dueño del terreno: el terreno es colectivo, pero como cada quien tiene su tierra propia… El papá le dejó a mi esposo y así hizo mi esposo antes de morir: repartió a sus hijos lo que le dejó el papá… Tuve 7 hijos, pero todos están en Buenaventura: yo estuve embarazada acá, pero fui a tenerlos en Buenaventura y los dejaba allá, en la casa de Buenaventura, no estaba aquí permanentemente, ya ahora después de que murió mi esposo si ya me instalé acá del todo… (...)

“Cuando yo entré a Herencia Verde ya estaban cultivando poquito, tengo poquitas pero sí: mantengo el poleo, la yerbabuena, la albahaca, el cilantro, el anamú que es una planta para baños, para la limpiar la casa con las semillas cocinadas, de albahaca hay muchas, hay 7: hay para baños, hay para cocinar, la negra, también hay para curar el mal de ojo, y bueno cada una tiene sus virtudes: yo cultivo la negra, es grandecita como morada, para cocinar, para el sancocho, esa que compran en la tienda y el cilantro, esas hojas grandes, esas largas, anchas, el poleo también, el que tiene las hojas menuditicas, para el pescado por lo menos… También se pesca, hay tiempo que jala el nicuro, la sardina, ya no se pesca como antes, antes yo iba a pescar y cogía mis 7 docenas de pescado, antes del derrame de eso, en el 2001: la cosa más horrible fue esa, se embarcaba uno y era como coger un poco de tierra casi sin agua, mucho vite, mucho lodo, ese fue el derrame y sueltan todo eso, cuando se represa ellos siguen botando: no sé qué es eso, es barro, es un almacenamiento de todo, de tierra, de la planta esa, con olor hediondo, horrible: hubo un niño que murió pero no lo publicaron, no hicieron nada, la mamá no dijo nada, venían de Buenaventura, el niño cogió eso y lo llevaron al hospital pero no pudieron hacer nada… Todo el río, bajaba el agua espesa, nadie podía bajar… imagínese que se secó todo allá en Sabaleta, ya lentamente fue bajando con el tiempo, pero en Sabaleta ahora se ve el agua clara porque es más pequeño pero Anchicayá, es un hijo de Anchicayá, como Aguas Claras, San Marcos, Anchicayá es más turbio porque es más grande… el alto Anchicayá es donde está la represa, es bonito allá, yo fui reclamando nuestros derechos porque nos contaron que había una grieta a punto de explotar, entonces nosotros fuimos a ver, porque alguien de allá nos dijo, y sí, dijeron que ya la habían sanado: eso fue después del derrame, como 5 años…

“Mi esposo me contaba de la quebrada de Bartolo, eso queda al frente de mi casa, y allá los Valenzuela eran los que tenían eso en mantenimiento y lo cuidaban, prohibían que entrara cualquier persona, antes de la titulación colectiva porque yo no estaba, entonces había que pedir permiso. Ahora se murieron los dueños de eso y la familia ya está es en Buenaventura, y eso era muy bonito, entonces ahora estamos en eso: estamos tratando de recuperarla y que vuelva a tener pescado. Es muy bonita, tiene buenas playas, de ahí de mi casa hay unas cerca. Ya hicimos una minga y ahora vamos a hacer otra en estos días, yo no sé si irán los chilenos a grabar eso. Ahora la están utilizando pero así, en la basura, sacan madera, pero no con limpieza, no con reglamento sino así a lo bruto, cortando madera y tirándola así. Hace como un mes fue que se decidió comenzar con eso y hay muchas quebradas de ahí para acá porque todo esto para acá tienen quebradas: de pronto puede que estén límpias pero yo no las conozco porque yo vivo es allá, yo apenas conozco la de allá, no conozco más: en el Coco, al frente también hay otra quebrada pero yo no la conozco. El agua es cálida como la de Sabaleta, no es como la de acá, la de Anchicayá, es cálida… no sé por qué, pero es cálida, mientras que acá cuando más hace sol es aún más fría…

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